null Santurtzi, un pueblo volcado al mar


La vida en Santurtzi ha estado tradicionalmente ligada al mar, y el puerto pesquero ha sido, y continúa siendo, el epicentro de la localidad. Por sus muelles han pasado marineros, corsarios, mercaderes, contrabandistas y pescadores, comerciantes, aventureros y tripulaciones de traineras, los lemanes que ayudaban a los barcos a sortear los obstáculos naturales de la Ría de Bilbao y, cómo no, las famosas sardineras.

Como reza la omnipresente canción ‘Desde Santurce a Bilbao’, estas mujeres bajaban al puerto al llegar los barcos con las capturas del día y, cargadas con las cestas, vendían su mercancía por las calles de los pueblos anunciando a voz en grito su presencia al vecindario. El Monumento a la Sardinera obra del bilbaíno J. Lucarini y ubicado en la Avenida Iparragirre, rinde homenaje al duro trabajo de estas mujeres que, a diario, recorrían a pie kilómetros y kilómetros en las calles de las poblaciones cercanas, “con la falda arremangada y luciendo la pantorrilla” cargando al hombro cestas en las que transportaban hasta 20 kilos de pescado, contribuyendo a sacar adelante a sus familias.

Además de los barcos dedicados a la pesca que aún hoy siguen haciéndose a la mar, en las aguas del puerto actual se pueden ver pequeñas lanchas de pescadores aficionados, embarcaciones recreativas y los barcos que organizan salidas al mar para avistar ballenas, descubrir el Abra y sus acantilados, practicar la pesca deportiva, aprender a pilotar un velero o embarcarse en recorridos turísticos por las aguas de la Ría.

También se conservan restos de la actividad industrial que se desarrolló en este lugar, como una grúa de mano, y una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de la localidad y de los pescadores, cuya festividad se celebra por todo lo alto cada 16 de julio. Los pescadores acuden a la iglesia de San Jorge para trasladar la imagen hasta el puerto, realizando parte del trayecto en una embarcación, y haciendo una ofrenda floral en memoria de los pescadores fallecidos.

La cercana Cofradía de Pescadores, restaurada en 2011, acoge la lonja, donde se lleva a cabo el ritual de seleccionar las mejores piezas de la captura del día y negociar su precio. Además, en la Cofradía se haya el Centro de interpretación Santurtzi Itsaso Museoa, un lugar para conocer de manera didáctica y amena la conexión entre Santurtzi y el mar. Y parte de la historia de las flotas que salían desde Santurtzi para faenar en los caladeros cercanos es el Pesquero Agurtza, una de las últimas embarcaciones pesqueras de bajura construida en madera que se conservan, convertida hoy en barco-museo y centro de interpretación de la pesca en la que aprender como se capturaba y conservaba el bonito de norte, así como las condiciones de la vida a bordo de los arrantzales - pescadores -.

Junto al puerto, y en terrenos ganados al mar, el Parque de Santurtzi, con sus especies arbóreas exóticas, sus paseos y esculturas, su precioso quiosco de música con mosaicos policromados, es el centro de la vida social de la localidad. A su lado se encuentran la iglesia de San Jorge, patrón de la localidad, de la que se tiene constancia ya en 1075; el Ayuntamiento de estilo ecléctico; el Palacio Casa Torre, una hermosa edificación del barroco del siglo XVIII; y una animada zona comercial y hostelera en la que se puede degustar uno de los platos de referencia de Santurtzi, sus deliciosas sardinas asadas, siempre acompañadas de un txakoli, o de unos pintxos, pequeñas porciones de placer gastronómico.

A poca distancia, en dirección a Portugalete, el Palacio de Oriol, erigido en 1902 por Severino de Achucarro, autor de muchos de los edificios más sobresalientes del Ensanche de Bilbao en esa época, es el máximo exponente en Santurtzi de las espectaculares mansiones que se construyeron para alojar a las clases pudientes surgidas durante el período de esplendor económico y comercial que vivió la localidad a finales del siglo XIX.

Las empresas que se instalaron para llevar a cabo la extracción del hierro de forma intensiva en las minas de los montes cercanos, y la consiguiente industrialización de la margen izquierda de la Ría, trajo consigo la aparición de una nueva burguesía, así como la de visitantes que se acercaban hasta la localidad para ‘tomar las aguas’ en el Cantábrico, alojándose en este palacete, que cuenta con tres plantas a las que se accede por una monumental escalera desde los jardines que rodean el edificio, y que está actualmente ocupado por un hotel que ofrece a sus huéspedes y visitantes, como antaño, unas espectaculares vistas sobre el frente marítimo de Getxo y el Abra abriéndose hacia el Cantábrico, por un lado y, al otro, del Puente Bizkaia enmarcando la Ría hacia Bilbao.

El monte Serantes

Con sus 451 metros de altitud, el monte Serantes es la atalaya perfecta para contemplar la bahía del Abra y como la Ría del Nervión se abre camino hacia Bilbao. Tanto es así, que desde antiguo ha sido el emplazamiento elegido para vigilar las idas y venidas de las embarcaciones que desfilaban por la zona y para defender toda la ciudad ante los ataques de los piratas y los enemigos.

Actualmente se conserva El Torreón, finalizado en 1881 y recientemente restaurado, desde se puede contemplar una impresionante vista de ambas márgenes de la Ría, de gran parte de la costa de Bizkaia los montes bocineros Oiz y Sollube. Un año más tarde, en 1882, se levantó El Fuerte, un bastión en el que se instalaron baterías para defender la costa y que formaba parte del sistema de fortificaciones que se erigieron en la época.

Una buena excusa para conocer el entorno natural de Serantes y disfrutar de las impresionantes vistas que ofrece es participar en las visitas guiadas para conocer su historia, o subir hasta la cima en la tradicional romería de Cornites, que se celebra cada Lunes de Pascua desde el siglo XIX y en la que la localidad se hace al monte para disfrutar de un día al aire libre. Y para las personas más activas, el Serantes forma parte del Centro Nordic Walking Santurtzi, 38 kilómetros de travesías adecuadas para distintos niveles perfectamente señalizadas en las laderas del monte.