angle-left La cara dulce de Bilbao

En Bizkaia nos encantan los homenajes y nos tomamos muy enserio la cocina, postres incluidos. De hecho, en origen muchos de estos pasteles fueron regalos para distintos personajes. Con ingredientes sencillos como huevos, mantequilla, harina, chocolate y azúcar se elaboran dulces de lo más exclusivos para saborear.

Hace un siglo, un pastelero de Bilbao quería preparar algo especial por el cumpleaños de su hija Carolina. Sobre una tartaleta de hojaldre, colocó una pirámide de merengue, con yema y chocolate y listo. Lo encontrarás en la mayoría de pastelerías de Bilbao y Bizkaia. Todo un clásico. Lo admiramos tanto que incluso tiene una fiesta propia, la Fiesta de la Carolina, en la que el Gremio de Pasteleros de Bizkaia reparte más de 3.000 de estos pastelitos gratis en la Plaza Nueva de la capital.

El bollo de mantequilla también es exclusivo de Bilbao. Los trajeron dos primos suizos Bernardo Pedro Franconi y Francesco Matossi, quienes abrieron una pastelería en el Casco Viejo. Partieron por la mitad el brioche típico de Suiza y le añadieron mantequilla creando la delicia que tomamos hoy en día.

El pastel de arroz es otro clásico dulce que tienes que probar. Es un hojaldre relleno de crema que conocemos gracias a los pescadores vascos. A finales del siglo XIX importaron la receta desde Filipinas. En su origen la receta llevaba harina de arroz pero curiosamente hoy en día se elabora con harina de trigo, de arroz solo le queda el nombre.

Existen imitaciones pero un pastel ruso como el de Bilbao no lo encontrarás en ningún lado. Su invención viene de un regalo que le obsequió la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, al zar de Rusia Alejandro II.

De turrones y dulces curativos

En Navidades, en Bilbao y en Bizkaia en general se come el turrón Sokonusko, un dulce navideño exclusivo de esta tierra, que los pasteleros elaboran desde hace 300 años y que procede de una localidad mexicana maya, Santa Ana de Soconusco, conocido por ser un pueblo con gran tradición de producción de cacao.

Al parecer, en el siglo XVII el aventurero bilbaíno Íñigo Urrutia, en su ruta por México en busca de El Dorado, se encontró con un cacao de calidad con el que los mayas preparaban la bebida de los dioses. Un pastelero del Casco Viejo encontró por casualidad la receta y hoy en día es la guinda imprescindible de nuestras comidas navideñas.

El Santiaguito está muy enraizado en nuestra cultura gustativa. Este caramelo de malvavisco nació en 1698. A su labor dulce se le suman las propiedades curativas que se le atribuyen ya que alivia la irritación de la garganta, entre otros males. Toda una caricia para el paladar. El nombre se lo debe a su creador Santiago Olavide, de escasa estatura y gran simpatía. Sus herederos continúan elaborando y vendiendo esta delicia.

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